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jueves, 30 de septiembre de 2010

Tommy Hilfiger y la emasculación afroamericana


Jaja, vaya titulaco, ¿eh? Qué locura, ni que yo fuese un sociólogo o un tertuliano. A ver, les cuento: este es Tommy Hilfiger:

Un señor que cree que siempre será joven porque le llaman Tommy. El tipo ha conseguido que "Tommy" esté estampado en la ropa de todo cristo. No "Mister Thomas", no: "Tommy". "Mister Thomas" es un señor. "Tommy" es el lozano. El imberbe. Nos la ha colado con la marquita el viejaco.

Pero no era de esto de lo que venía a hablarles. Es algo más duro y peligroso, como una grapadora en una cornisa.

Los antecedentes:

Rula por internet un bulo, un hoax en el lenguaje de la gente sin vida social, que afirma que el señor Hilfiger es un racista del copón y que admitió en el programa de Oprah que le molaba Hitler y que no diseña ropa para que la vistan judíos, negros o teleoperadores. Vamos, un señor con las cosas claras. Pero, como decía, esto era un bulaco. Eso sí, todos sabemos que si los bulos funcionan es porque son creíbles y si son creíbles es porque hay algo en nuestro interior -llámalo "Instinto", llámalo "Pequeño Íker Jiménez Que Vive En El Bulbo Raquídeo Y Come Sueños"-, que apunta que puede ser verdad.

A ver, Hilfiger es la quintaesencia de la ropa Preppy, que viene a significar "pijo". Un tipo de pijo distinto al de náuticos, Levi's y cuello del niki levantado, pero es que los Hombres G no petaron tanto en los Hamptons. Un tipo de pijo que en EE UU se estila entre los WASP: blancos, anglosajones y protestantes. Vamos, lo que según Sarah Palin & co. sería un USAmericano de verdad.

La actualidad:


Tommy Hilfiger ha presentado su nueva campaña de otoño-invierno. Esta es la foto de las vallas publicitarias:



La idea, leo por ahí, es fotografiar una típica familia americana que se reúne justo antes de un partido. También he leído que, además de la familia, entre los fotografiados hay dos estudiantes portuguesas de intercambio. Pero no veo ninguna chica con bigote, así que no lo considero información fiable.

Habrán observado incluso los más daltónicos de ustedes (¿hay grados de daltonismo?) que todos los personajes de la foto son de raza blanca salvo uno. No soy genetista, pero creo que está claro que este chaval no es hijo ni hermano de ninguno de los que salen en la foto.
Siguiendo la lógica de la corrección política, es normal, casi obvio, que haya un chico negro entre tanto modelo blanco. Mucho más considerando los rumores que azotan la fama de Tommy. Pero la lógica de la corrección política, empero, se hostia contra el muro de la lógica de la herencia genética. Tommy contra Mendel. Tommy en el atolladero: "Dios, se me ha colado un negro, ¿qué hago? Si fuese mi casa agarraría mi fusil... pero no es mi casa: son las vallas publicitarias de todo el mundo". Tommy suda a través del bótox.
Si el chico negro no comparte sangre con ningún miembro de esta familia tendrá que compartir otra cosa. ¿Es el mayordomo?, ¿el sirviente?, ¿la evolución del esclavo negro que recoge el algodón que utiliza Tommy para las etiquetas que, cosidas en un suéter caro, perpetúan su juvenil nombre? Sé que eso sería ir demasiado lejos. Una acusación gratuita (como si me pagaran por alguna acusación, vaya forma sería esa de ganarse la vida. Como en Sálvame). Nada apunta a que este chico sea esclavo de nadie. Parece incluso que es feliz llevando sobre los hombros a un travieso niño que parece querer decir "no sólo disfruto disfrazándome de un indio como los que mis antepasados masacraron, sino que ahora mismo podría hacer caca sobre la cabeza de un negro". El chico negro viste como los demás en la foto, sonríe como los demás. No tiene por qué ser asalariado o súdbito de los demás. Tommy, ahí te has portado. ¿O no?
¿Qué puede compartir entonces el chico negro con el resto de los fotografiados?, ¿amistad?, ¿fluidos? Tommy palidece. ¿Es el chico negro pareja de uno de los fotografiados? Estaremos de acuerdo en que esto supondría un shock para cualquier supremacista. La imagen mental de una hija siendo empalada por el brutal miembro de una bestia negra es sin duda el detonante de muchos padres a la hora de quemar cruces y disfrazarse de nazareno blanco. "¡Se me ha colado un negro y encima se folla a mi hija!, ¡en mi propia valla publicitaria!". Nuestro Tommy se estremece. ¿Cómo, entonces, podría Tommy aligerar esa carga? Esa amenaza. Ese cimbrel de ébano que no se quita de la cabeza. Pero Tommy, que es joven de nombre pero viejo de alma, es sabio. Tommy piensa. Y su solución está a la vista de todos: este chico es un negro con gafas: "Ey, padres blancos endogámicos: este negro ha ido a la universidad. Es rico. Es como sus hijos. No es un animal. Está evolucionado: es miembro de pi beta gamma. ¡Por el amor de Dios!, ¡¿cómo va a ser un monstruo sexual si lleva gafas?!".

La conclusión:

Tommy Hilfiger le ha cortado los huevos a un chico negro poniéndole gafas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Ave, Putin

¡Coño, si tengo un blog!, no me acordaba... Un blog abandonadísimo, por cierto. Tanto que los números del contador de visitas ¡se han largado! En serio: denle hacia abajo a la ruedica del mouse, y donde dice "su turno" debería estar el contador. Qué cosas. Pero bueno, ya que tengo un blog, habrá que actualizarlo y eso. Pero, ¿de qué hablo? ¡Ya está! Como es una bitácora personal e intimista, hablaré de mis deseos, de mis ambiciones como persona especial... y de mis ídolos. Sí, hablaré de mis ídolos. Hoy empezaremos con Vladímir Vladmírovich Putin.


"Si es que, las visten como Putin"


No abundaré en datos biográficos. Todo el Mundo Libre debería conocer lo que este prohombre ha hecho en su vida. Simplemente me haré eco de una noticia reciente aparecida en todos los medios que, a mi modo de ver, condensa y ejemplifica la valía del Primer Ministro ruso: esta semana, Putin salvó a un equipo de televisión del ataque de un tigre siberiano.



Por supuesto, existen individuos de escasa moralidad que ponen en duda la hazaña de este ex agente del KGB... "¿no es mucha casualidad que Putin tuviese el arma ya cargada con sedantes y más casualidad aún que todo esto coincida con una caída de popularidad del Líder tras invadir territorio georgiano?", "¿Son tan gilipollas los periodistas como para acercarse a un tigre?". Paparruchas. Por el Gran Arquitecto, ¿quién puede creer que Putin no es un héroe capaz de tamaño acto? Su valor está por encima de las casualidades. Quienes aún albergan sospechas, es porque no conocen con qué casta se relaciona el Primer Ministro. Para muestra, un botón (el botón del play en el yoteví de abajo).



¡¿Qué más pruebas necesitan esas gentes de poca fe?! ¡Putin y Van Damme son colegas! Es la Alianza de los Nuevos Titanes, el club de los machotes. Putin es capaz de salvar a esos gacetilleros del ataque de un tigre con los ojos cerrados, un brazo a la espalda y Bush Jr. soplándole la nuca.

Pero el heroísmo de Putin no es de nuevo cuño: un individuo con ese imponente físico y tan destacado en sus servicios para el KGB no podía pasar desapercibido tantos años. EPETECAUN de blog ha emprendido una serie de investigaciones a través de los recovecos de la historia para concluir que incluso existe un bio-pic sobre las experiencias de Putin al servicio del Soviet Supremo:



¡Ni siquiera los yanquis pudieron resistirse a la Leyenda de quien más tarde sería Presidente ruso! Y sólo Schwarzenegger (otro Nuevo Titán, otro machote) podía interpretar la sensibilidad y el vigor de Putin con tantos matices.

¿Aún no creen que Danko y el joven Putin son la misma persona? He aquí la prueba definitiva: Putin-Danko confirma en pantalla su odio por los georgianos (sin duda, una casta inferior que debería venderse como esclava en un chino):





Así es: Putin estuvo de misión en New York y conoció a un policía clavado a Jim Belushi. La Leyenda crece por momentos.


¡Ave, Putin!, ¡hail, Hydra!, ¡viva S.P.E.C.T.R.A.!, ¡a tope con K.A.O.S.!

viernes, 9 de mayo de 2008

Cuando los ángeles hacen pis

Estos días llueve en toda España. Espero que no encoja porque, cuando lleguen los guiris en verano, no vamos a caber todos.

De pequeño me decían que la lluvia es el pis de los ángeles. Nunca quise imaginar qué es la nieve. Quizá algún meteorólogo pueda discrepar sobre el origen querubínico de las tormentas. A veces incluso yo mismo lo dudo. Pero, aunque no haya relación causal, estoy completamente seguro de que los ángeles mean cuando llueve. Se mean de risa. Y lo hacen a costa de nosotros.

Ya vimos cómo Dios creó el paraguas para castigar al ser humano. Investigaciones recientes me han llevado a descubrir una nueva maldición que se manifiesta cuando hay temporal. Les hablo de un nuevo enemigo de la humanidad: la baldosa suelta.

¿Quién coloca estas baldosas sueltas?, ¿por qué hay, al menos, una en cada calle? Sin duda, su colocación es todo un alarde de estrategia militar: son minas antipersona de juguete. ¿Las pistolas de juguete no lanzan agua cuando aprietas el gatillo? Pues estas "minas antipersona" lo hacen cuando las pisas.

El principio del fin.

El potencial dañino de una baldosa suelta es mucho mayor de lo que parece a primera vista. Su efecto se puede sentir horas, incluso días después. Su habilidad estratégica es tal que atacan a la zona más vulnerable: los calcetines. En apariencia, pisar una baldosa suelta supone únicamente mojarse los zapatos y los bajos del pantalón... un engorro fácilmente olvidable (aunque, sin duda, molesto) Pero el agua que la nefanda baldosa ha arrojado alevosamente sobre nosotros va calando a lo largo del día hasta empaparnos los calcetines y congelarnos los pies. ¡Oh, los pies!, esa compleja parte del físico. Del físico, del ingeniero, del desempleado... los pies son un misterio insondable (se puede sondar un pene, pero, ¿un pie?) Los pies son soporte del cuerpo, nuestras raíces, el pedestal, los cimientos de nuestra arquitectura... y una puta mierda a la vez. ¿Por qué son tan sensibles?, ¿por qué se enfrían tan rápido?, ¿por qué, como dicen las madres, "no debes andar descalzo que vas a pillar un catarro"?, ¿los puñeteros cavernícolas no iban descalzos por su cueva? ¡Y aún así fueron capaces de extinguir el mamut!

...Pero los cavernícolas no usaban baldosas. Baldosas e hipersensibilidad pédica llegaron de la mano. Bueno, ninguno tiene mano, pero llegaron juntos. El-que-está-detrás-de-todo los creó simultáneamente para condenar a la raza humana a la extinción y/o el moqueo.

Si a pesar de estas revelaciones deciden salir a la calle mientras llueve, no aparten la mirada del suelo: la maldición está al acecho. Eso sí, si se hostian contra una farola, no me echen a mí las culpas.

Hay tanta agua debajo de algunas baldosas que fíjense lo que llega a ocurrir.


jueves, 14 de febrero de 2008

Algún día, ELLOS dominarán la tierra...


... Si acaso no lo hacen ya, controlando nuestros ordenadores con viruses que los convierten en zombies.

Puede que las cucarachas sean las únicas que sobrevivan a una guerra nuclear, pero Screech fue el único personaje que trascendió hasta el remake de Salvados por la campana.

(Por cierto, la foto viene de una exposición sobre ELLOS que hay en Madriz. Detalles aquí.)

jueves, 24 de enero de 2008

ENEMIGOS DE LA HUMANIDAD (con gripe)

EPETECAUN de blog ha estado en paro técnico estos días debido a motivos personales: cada vez que intentaba actualizarlo, me enganchaba a la serie de Lydia Bosch.

En realidad no sé si ha sido del todo así o se trata de otra alucinación (alucinaciones con Lydia Bosch, eso no lo supera ni David Lynch), y es que estos días, como ya advirtió la vecina del quinto, he estado enfermo. El particular malestar que me aquejaba ha sido bautizado por insignes científicos como gripazo del copón.

Los egregios galenos que hicieron tamaño diagnóstico por supuesto idearon una cura: “paracetamolymuchaagua”… y en esas estoy todavía. Escapando de fiebres que ríete tú del calentamiento global: si no llega a ser por la puñetera “dieta blanda” me habría frito unos huevos con bacon en la frente.

Pero no piensen ustedes que cogí el nefando virus por accidente, como el vulgo. En absoluto. Lo he hecho a propósito, por avanzar un paso más en mis investigaciones sobre los enemigos de la humanidad. Y es que siempre he tenido la teorida de que muchos de estos enemigos no se muestran como tales hasta que el ser humano está en horas bajas. Son los enemigos más cobardes, los que se aprovechan de la debilidad humana. He aquí un breve inventario de ellos:

- Pañuelos de papel: cuando estamos sanos parecen lo más inocente del mundo… pero cuando cogemos la gripe se convierten en papel de lija que nos deja la nariz con gotelé.
- Colchones: el más exclusivo Pikolín de viscolátex u otro material con nombre de grupo de los 80 te deja los riñones como si M.A. te hubiese dado una paliza sin quitarse los anillos.
- El cepillo de dientes: intentar lavarte los dientes con la nariz atrancada te puede costar la vida por falta de oxígeno.
- La geometría: a partir de 38 y pico de fiebre horizontalidad y verticalidad se confunden y no tienes muy claro si estás tumbado en el Pikolín de viscolátex o en los azulejos del baño.
- Amor propio: siempre creemos que podemos hacer más de lo que en realidad podemos hacer (que es básicamente babear y temblar). Yo he quemado una olla por intentar hacerme la comida y he tirado 22 cedés al suelo por intentar poner música.
- Nuestro propio cuerpo: ¿qué sentido tiene que con 39 grados y medio de temperatura corporal tengamos frío?
- El buen tiempo: miras por la ventana y hace sol, la gente sonríe y deambula feliz… mientras tú eres una masa informe de mocos que apenas se tiene en pie… ¿por qué?, ¡¿por quéééé?!

Así que ya saben: intenten mantenerse alejados de la gripe… pero si no lo consiguen, háganse sus amigos y abrácenla. Miren qué bonica es...

Y se la pueden comprar y todo aquí.

viernes, 18 de enero de 2008

La insoportable levedad del contador de visitas

Yo soy más bien poco de recibir visitas. Se comen tus pastas y se beben tu café y hay que darles conversación y cuando se van de tu casa te critican a tus espaldas y al final lo mejor es que no salgan nunca, matarlos con una pala y trocearlos en la bañera... Bueno, cosicas de las visitas.

Pero este caso es diferente. Better than fine me recomendó que no lo hiciera, pero desoí sus consejos: he puesto un absurdo contador de visitas en el blog. ¿Por qué? No lo sé. ¿Vanidad?, ¿curiosidad?, ¿envidia cochina?, ¿envidia pulcra?... Da igual. El caso es que está ahí, mirándome fijamente con sus ojillos de contador de visitas.

Creo que en parte lo he hecho por acabar con la ansiedad: la ansiedad que me devoraba por dentro, que azuzaba mis intestinos... Ah, no. Eso no era la ansiedad, era el café de máquina. Según el Perich "la religión nace para resolver los problemas que crea la religión". El contador de visitas hace lo mismo: desde que vi el primero, empecé a preguntarme "¿cuánta gente me visitará?", "¿estarán desnudos mientras leen mi blog?". La segunda pregunta jamás tendrá respuesta. La primera estaba al alcance de mi dedo de clickar.

Pero entonces, llegaron las dudas: "¿y si son pocas visitas y me deprimo?", "¿y si son demasiadas y empiezo a meter publicidad en el blog, me hago famoso y multimillonario, se me sube la fama a la cabeza, me abandonan mis amigos y acabo tomando una sobredosis de ansiolíticos en el suelo de mi baño, 100% mármol de Carrara?". Así, mientras dudaba, fue pasando el tiempo... y con él pasaban visitas que no podía contabilizar, decenas de visitas, centenas, unidades de millar... "complementario, el 8".

Pero para avanzar hay que mirar hacia adelante, y un poquito hacia abajo por si hay cacas de perro. Finalmente tomé la determinación: "venga ese contador, ¡copón!"... y aquí está. Ahora tengo que cargar con él, con el absurdo falaz de que, cada vez que refresco la página, me suma una visita; con la idea de que cada nuevo visitante quedará sorprendido por el raquítico tránsito de EPETECAUN, creyendo lógicamente que el contador nació con el blog... Aunque para esto último tengo una solución: gracias al cálculo estimativo efectuado por el Gabinete de Estudios para las Cosas de la Universidad de Pernambuco, podemos inferir que, antes de la existencia del contador, unos 30 millones de personas visitaron EPETECAUN de blog. Por tanto, para conocer la cifra real no tienen más que sumar esos 30 millones a la cifra que arroje el contador en el momento de su visita.

Por cierto, en lugar de haber puesto el contador, podría haber hecho caso a Better than fine y considerar los comentarios como barómetro de un blog. Pero es que no hay muchos (considerando, como hemos visto, que EPETECAUN de blog supera los 30 millones de visitas). Sin duda esto ocurre porque, ante la inestimable calidad de mi prosa y lo sesudo y articulado de mis razonamientos, pocos se sienten capaces de replicar. O eso o que digo gilipolleces sobre las que no merece la pena detenerse. Yo me inclino por la primera opción. Ustedes no se inclinen que es malo para el lumbago.

jueves, 3 de enero de 2008

Paraguas: esas armas mortales

¡Feliz año nuevo… y dos días! Dos días en los que pocos españoles han visto el sol. Dos días de lluvia persistente. Dos días en los que ha vuelto a nuestra vida uno de los mayores enemigos del ser humano.

Tiempo atrás, Dios castigó a la humanidad -y animalidad, porque se cargó a todo bicho vivo- con un diluvio… pero no funcionó. Ahora, sin apartarse mucho de ese campo temático, nos ataca con los paraguas: un instrumento ideado para eliminar a la especie humana.

Son distintas las formas que los paraguas tienen de provocar tamaña desgracia. Intentaremos analizarlas una a una. Empecemos por los paraguas de viejo: miden metro y medio de largos y… ¡acaban en punta! ¿Para qué un paraguas tiene que acabar en punta sino para hacer daño? ¿Sus dueños van a practicar lanzamiento de jabalina mientras pasean con La Razón bajo el brazo? No, nada más lejos de la realidad. Todo está pensado, y es que estos paraguas los suele llevar gente “previsora”, esto es, que coge el paraguas aunque no llueva, “por si acaso”… Y precisamente ahí radica el peligro de los paraguas puntiagudos: en estar cerrados. Quienes portan estos utensilios, por alguna extraña razón, olvidan qué llevan agarrado y se comportan como si fuese una inofensiva barra de pan. Estos señores, hipnotizados por la poderosa fuerza que guía a los paraguas a acabar con la humanidad, se los colocan bajo el brazo o los agarran en posición horizontal mientras caminan o se paran en los pasos de peatones, de forma que ataquen donde más duele: en la huevada. ¿Qué mejor modo de evitar la perpetuación de la especie humana que castrando a todos los hombres?

Pero no son estos enormes paraguas los únicos agresivos. También lo son sus opuestos y, al parecer, sucesores: los paraguas plegables. Todos hemos visto a los tiernos infantes, camino del colegio en un día que se prevé lluvioso, agrediendo a sus compañeros con el paraguas. Con sólo apretar un botón, el mástil-proyectil sale disparado hacia una víctima indefensa. “No hacen mucho daño”, pensaréis. Puede que no, pero jode. Y, además, la violencia engendra violencia: estos niños que hoy se “disparan” con su paraguas, mañana lo harán con armas semiautomáticas. Los chavales de Columbine usaban este tipo de paraguas. Si nuestros escolares se comportan así, no podremos huir de la espiral de violencia que lleva a la humanidad de una guerra a otra... y de ahí, a la extinción.

Además, este tipo de paraguas conlleva el riesgo de detonarse solo y agredir al propio portador. Y es que no siempre son “los otros” los principales dañados por nuestros paraguas. Véanse las temibles varillas rotas. Todo paraguas que ha vivido lo suficiente (unos años o quince minutos si se lo hemos comprado a un chino en el metro) sufre de las articulaciones. Sí, como los humanos. No en vano están vivos. Sus “articulaciones” son esos engranajes que conectan las varillas y que, al averiarse, provocan que finos aguijones metálicos apunten al rostro de quien lleva el paraguas… pudiendo provocar lesiones fatales.

Los casos que hasta ahora hemos descrito pueden percibirse como acontecimientos aislados, desgraciados accidentes… aunque sabemos bien que no es así. Podríamos considerar los anteriores como “atentados” de la célula del paraguas. Pero en ocasiones, esa célula acomete una yihad en toda regla y sus acciones se convierten en una guerra, una batalla campal, una brutal contienda. Hablamos, por supuesto, de las calles comerciales en un día de lluvia: todos los humanos se arman con sus paraguas sin ser conscientes de las intenciones de éstos. Cada persona cree luchar por su vida, intenta ganar su batalla… y no piensa en el colectivo, en su especie, que es quien pierde la guerra. Las parejas se pelean porque no caben los dos debajo del paraguas y porque quien lo lleva de los dos, se cubre demasiado. Los bajitos atacan a los más altos con las pequeñas puntas de varilla de sus paraguas. En pasos estrechos, cuando se juntan dos personas, nadie quiere sacrificar su peinado apartando el paraguas para que ambos puedan entrar. En definitiva: “¡El horror!, ¡el horror!”

Ya están advertidos. ¿A quién no le ha desaparecido nunca un paraguas?, ¿no creen que eso ocurre con demasiada facilidad? Pues no es que los hayan perdido: ellos han huido a sus madrigueras a conspirar para acabar de una vez por todas con la humanidad.